Monday, Jun 25, 2018
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Un clásico de Madrid y otros cafés

Café Suizo

Desde el siglo XIX la capital española inauguró una tradición de establecimientos que centran su oferta en la calidad del chocolate helvético y la eficacia en el servicio. Ahora las principales ciudades de la península ibérica cuentan con un café suizo

Por Amado del Pino

En verano, el paseo Pereda –en la preciosa ciudad española de Santander– se llena de caminantes diversos y logra un peculiar ambiente de relajación y encanto. Cuando los pies ya duelen algo de caminar junto al mar, o por la acera de enfrente, junto a los hermosos edificios de la ciudad, uno suele sentarse en un local amplio y hermoso que lleva el nombre de Café Suizo.

Buscando por el mundo la presencia Suiza en este ámbito de los chocolates servidos en mesa, la humeante infusión y la buena conversación, encuentro todo un clásico que formó parte de la vida madrileña. Inaugurado el 3 de junio de 1845, se le considera el precursor de los cafés de la ciudad en cuanto a su tan social función de albergar tertulias y debates. Se le llamó desde el principio Café Suizo en honor a sus dueños, Pedro Franconi y Francisco Matossi, que venían de Poschiavo, en el cantón de los Grisones.

El éxito del Café propició la apertura de sitios similares en otros lugares de España. En Zaragoza, Bilbao, Burgos y desde entonces en el Santander de la evocación inicial de estas líneas abrieron locales en los que también la referencia a la nación helvética derivaba sinónimo de merienda agradable y plática descansada.

Al clásico madrileño– que se mantendría hasta los años veinte del siglo pasado- asistieron figuras tan relevantes como los hermanos Bécquer. Es de suponer que al gran poeta romántico y fino periodista, Gustavo Adolfo, le gustara que al lugar donde se ubicaba el pionero Café le llamaran Calle Ancha de los Peligros.

Un momento crucial en cuanto a esta empresa suiza en España se ubica entre 1880 y 1891, periodo en que sirvió de sede ocasional a los socios del Gran Casino de Madrid, reforzando su condición de lugar muy valorado de referencia social.

Los cronistas de la época ubican la piedra de toque del prestigio del negocio de los suizos en el chocolate, la calidad de un café conocido como mariquita y la rapidez del servicio, rara para la época. Estos datos hacen pensar que tanto como el compacto y exquisito manjar, la cultura suiza ha dejado por nuestros países una huella de calidad y eficacia.

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