Tuesday, Jul 23, 2019
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Una vocación cívica bicultural

Daniel Ordás

Es uno de los referentes hispanos en la política suiza por su entrega y coherencia. Daniel Ordás valora los retos de la participación ciudadana desde su experiencia

Por Tania Cordero

Daniel Ordás está volcado, desde sus profesiones de abogado, periodista y político suizo-español, en la participación social como herramienta para empoderar al ciudadano de la democracia a la que aspira. Nacido y educado en Suiza, mantiene el vínculo con la España de origen de sus padres y su concepto de la política lo concreta de forma coherente en ambas naciones. Ha sido secretario general del PSOE en Suiza y fundó y presidió el Parlamento Juvenil de Basilea. Recientemente se presentó al parlamento de esa ciudad y, aunque no resultó elegido, reafirma su apuesta por la transparencia política y el compromiso con lo público.

En usted el origen hispano está claro desde la familia al apellido, pero su formación y hasta su progresión profesional son plenamente suizas. ¿Cómo se han conjugado en su formación y en la maduración de su ideología la influencia de estas dos culturas?

Considero que tengo influencias de ambas partes, pero al fin y al cabo la formación de un carácter es una cuestión muy individual y a veces depende de casualidades. No creo que el pasaporte sea un condicionante relevante para el carácter de una persona. Supongo que el hecho de vivir en un barrio obrero y entre inmigrantes me ha condicionado más que la nacionalidad en sí. Muchas veces me preguntan si soy medio suizo y medio español y mi respuesta es siempre que soy 100% suizo y 100% español, porque para mí es normal ser suizo como soy yo y ser español como soy yo.

Su participación en un programa del destacado periodista español (Jordi Évole, La Sexta, España)  contribuyó a que sus ideas y proyectos se conocieran mucho más. Usted mismo ha encabezado proyectos editoriales. ¿Cómo valora el lugar del Periodismo y la Comunicación dentro de las complejas circunstancias de la Europa de hoy?

Desde siempre al periodismo se le ha llamado el cuarto poder, puesto que es un poder factico que puede y debe controlar a los poderes formales que son el legislativo, el ejecutivo y la judicatura. Si bien hoy el periodismo se encuentra en todo el mundo en crisis, al no haber aun logrado el salto de la era del papel a la era digital, creo que sigue teniendo mucha importancia. Vivimos en una época de información, mucha información, demasiada información y por eso vuelven a ser importantes los periodistas que informan, analizan y resumen. Antes el periodista era importante para ampliar la información; hoy quizá lo es más para condensarla y analizarla.

Daniel Ordás

Daniel Ordás


Su proyecto habla de Democracia Directa en un momento en que España pasa por un largo estancamiento institucional y para muchos un descrédito de la clase política. ¿En qué medida esta forma de asumir la democracia podría evitar o al menos enfrentar mejor azotes como la corrupción y fenómenos como la creciente indiferencia por los asuntos públicos?

La corrupción es inevitable y va vinculada a la condición humana. Solo si se reconoce eso se puede hacer un modelo que intente evitarla en la mayor medida posible. Si se trata la corrupción desde la hipocresía de creer que son unos casos aislados de unos pocos malos, se comete un error. Tenemos que partir de la base de que si un sistema carece de control democrático y de instrumentos de participación ciudadana que vinculen al contribuyente con la gestión de lo público, la corrupción será lo normal. Me parece un error esperar a que caigan del cielo políticos perfectos y honrados, cual vírgenes inmaculadas. Más bien tenemos que hacer un sistema que no deje posibilidad o limite la posibilidad de la corrupción. Para ello es indispensable que los ciudadanos puedan participar vinculantemente en el proceso y la gestión política durante la legislatura y que puedan ejercer control serio. Esto se logra mediante iniciativas populares que se sometan a votación popular, sin el arbitraje del Parlamento, ya que son precisamente para sustituir al Parlamento en un tema concreto y a la vez tiene que haber una posibilidad de que los ciudadanos, mediante referéndum, puedan impedir la entrada en vigor de las leyes elaboradas por el Parlamento. Solo así se garantiza que los representantes se sientan controlados y se vean obligados a llegar a acuerdo, ley por ley.

La diferencia entre un modelo como el suizo y el español, por ejemplo, es que en el suizo delegamos a los representantes parte del poder legislativo, pero una parte la mantenemos nosotros y sobre todo mantenemos el derecho de control. Los sistemas meramente representativos como los hay en la mayoría de los países democráticos son un excelente avance del siglo XIX, cuando el poder se constituía por herencia, matrimonio o golpe de Estado y carecía de legitimidad desde el punto de vista democrático. Pero a día de hoy no es suficiente. No basta con legitimar a un grupo de selectos cada cuatro años. Hay que considerar el Estado y lo público algo propio y gestionarlo como si fuera de uno. Así se evitaría parte del despilfarro y la corrupción.

En el caso de Suiza, y en especial de Basilea, ¿Con qué programa se presentó a las pasadas elecciones cantonales? ¿De qué forma pueden verse implicada y/o beneficiada la comunidad hispana dentro de ese programa?

Las elecciones ya han pasado y lamentablemente no he sido elegido, lo que no impide que siga haciendo política y vinculado a lo público. En el modelo suizo no se presenta uno con “promesas”, ya que las promesas electorales por definición siempre son mentira, porque nadie las puede cumplir. Aquí se destaca más lo que uno ya ha hecho o las iniciativas y referendos en los que ha participado o las que piensa apoyar.

En mi caso, he sido siempre muy activo en los temas de inmigración, integración y educación. De hecho he sido uno de los promotores de la Iniciativa para el Derecho de Voto para Inmigrantes y para la Naturalización Automática de los “extranjeros” de tercera generación. También me hubiera gustado aportar mis conocimientos como padre y miembro del Consejo de Padres.

En sentido general, ¿cómo valora la participación hispana en la vida cívica y social suiza actualmente?

Creo que los españoles han sido una comunidad inicialmente reacia a la integración, porque muchos tenían la ilusión de regresar a España después de dos o tres años y además la propia sociedad suiza no los quería integrar. Eran solo una mano de obra temporal. Con los años, y asumiendo la realidad de que muchos se quedarían para siempre, la colectividad y los individuos a nivel personal se empezó a integrar mejor, a partir de los años 80. Hoy podemos decir que los españoles llegados antes de la crisis están perfectamente integrados y que los que llegaron en los últimos 10 años se integran antes y con más facilidad que los que llegaron en los años 60. Por un lado la sociedad suiza ofrece más facilidades; por otro lado los nuevos no viven tanto esa ansiedad de que esto es solo algo provisional y ante todo, la mayoría de los nuevos emigrantes vienen con una preparación considerable que les permite encontrar pronto trabajo y contacto con la sociedad suiza y aprender el idioma.

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