Friday, Dec 6, 2019
HomeActualidadLa mujer sin voz

La mujer sin voz

La mujer sin voz

Qué tipo de inmigrante eres, ¿de los van de “suizos” por la vida o de los que incorporan la nueva cultura conservando la de origen?

Por Fabiola Dueri

Encontré a una mujer a la que conocí hace dos décadas a mi llegada a Suiza. Con ella tuve una enorme empatía y en el poco tiempo compartido nos acercamos mucho y hablamos de historias pasadas, planes y proyectos de vida. Luego ella se cambió de ciudad y gradualmente perdimos el contacto.

Sin planearlo, nos encontramos otra vez después de todo este tiempo. La llamé, le dije que estaba de paso en la ciudad y quedamos para tomarnos un café en una confitería del centro. Al verme me dio la mano y casi la halé hacia mí, para plantarle los tres besos del saludo suizo. Dentro de la cafetería comencé a preguntarle cosas y recibí respuestas cortas. Ella me preguntó a mí y yo respondí con efusividad y moviendo las manos y ella me hizo un gesto ligero con la mano para que bajara voz. Estábamos llamando la atención y eso no le parecía bien. Comenzó a hablarme tan bajito que me tenía que inclinar para escucharla.

En este momento me permití distanciarme emocionalmente y comencé a observarla y escucharla con atención. No era más la que conocí. Era una mujer “integrada”. Me dio su receta del éxito: “Lo mejor es tener poco contacto con latinas y tratar de moverte en círculos suizos. He aprendido mucho alemán y por el trabajo ahora solo trato con gente de aquí. En casa también hablamos solo alemán. Si mis hijas quieren hablar español, pueden ir a tomar un curso intensivo en España”.   La observé y vi sus gestos estudiados, poco efusiva. Su estilo de vestir también había cambiado y, sobre todo, hablaba bajo, casi sin voz. En ese momento entendí por qué perdimos contacto. Yo era parte de esas latinas que no parecían suizas y perjudicarían su integración.

La desafié un poco al preguntarle si lo suyo era integración o asimilación absoluta, y no quiso admitir para nada que su estilo de integración la había llevado a negar todo lo que aprendió durante 30 años antes de emigrar a Suiza. No dio lugar a mis argumentos. Ella sentía que su grado de integración era mejor que el mío y le permitía tener en Suiza una vida plena, como si fuera suiza.

Yo no haré ninguna valoración sobre la asimilación cultural, pero quiero describirla para que cada lector/a decida cómo afrontar su propio proceso de integración.

La integración se da por medio de un proceso llamado técnicamente aculturación, que implica la recepción y asimilación de elementos culturales de un grupo humano por parte de otro o de un individuo. De esta forma, una persona adquiere una filosofía tradicional diferente a la suya o incorpora determinados aspectos de la cultura nueva con la que se encuentra.

La mujer sin voz

La mujer sin voz

Un primer nivel de aculturación es el comportamental, en el que actuamos imitando hábitos de la nueva cultura. Esto incluye la lengua, las tradiciones, celebraciones, comida y estilos de vida.

El segundo nivel es el socioeconómico, en el que participamos de la actividad económica de la sociedad, nos beneficiamos y contribuimos a la economía del país; incluso se puede llegar a ocupar puestos en cargos públicos o instituciones del país.

El grado de aculturación lo debería decidir la persona, pero muchas veces la presión o las expectativas del entorno pueden llevarla a la total asimilación por la cultura dominante. Me refiero a esposo o familias políticas que no quieren que el recién llegado se reúna con personas de su país o no quieren que se hable español en casa, o insisten en que se aprenda, aunque fuera a tumbos, el dialecto local a la brevedad posible. Las culturas dominantes suelen promover un modelo de asimilación de minorías de tal manera que estas se diluyan completamente en la segunda generación. También existe otro modelo, en el que las sociedades optan por el pluralismo, en el que las minorías contribuyen con nuevas costumbres y tradiciones a la sociedad en la que viven.

Luego de encontrar a la mujer sin voz, quiero dejar a cada lector/a la reflexión. La comunidad latinoamericana en Suiza, culturalmente hablando, ¿tiene elementos que aportar a la sociedad suiza? ¿Es mejor asimilarlos completamente y así facilitar el camino para nuestros hijos/as? ¿Será posible que con la firme decisión de mantener en nuestras vidas privadas rasgos de nuestra identidad, podemos ayudar a que Suiza sea una sociedad más plural? O por el contrario, ¿mantener rasgos identitarios nos granjeará el rechazo de la sociedad y no tenemos fuerza para soportar ese rechazo?

 

COMPARTE EN:
Danza del talento y
Una vocación cívic
Rate This Article: