Monday, Jun 25, 2018
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Prejuicio de moda: mirar el pelo antes que el pensamiento

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Nicky González ha traído a las redes su experiencia de cómo le negaron una beca por llevar el pelo a lo afro. La politóloga dominicana nos da pie para acercarnos a esta temática y propiciar el debate en nuestra comunidad

   Guardo en mi memoria reciente una advertencia que se repetía en todos los blogs a donde acudí hace un par de años a buscar recomendaciones para cuidar el pelo afro aquí en Europa: “Recuerda, una de las primeras cosas que debes de observar es no dejarte convencer de que no te ves bien con tu pelo afro. Si ya has decidido llevar tu pelo sin planchar, solo debes conocer las rutinas de cuidado y mantenerte firme en tu decisión”.

   En verdad no daba crédito. Convencida como estoy de que mi pelo puede tomar el camino que a mí me apetezca, no entendía por qué tenía que tener tan presente ese consejo. Así que me dirigí a los perfiles de las blogueras para ver si conseguía aclararme.   Se trataba casi en su totalidad de mujeres afroamericanas o dominicanas, siendo las últimas las más insistentes. Recordé mi propia experiencia en Cuba, donde tampoco se veía con naturalidad la melena afro, me reafirmé en todo lo que queda por hacer a favor de la aceptación racial y la riqueza de su diversidad, lucí por buen tiempo mis rizos y aparqué el tema.

Terminando julio, recibo un whatsapp con la noticia del debate que circula en las redes a partir de la publicación- sensata y sincera- de Nicky González, una politóloga a la que la ministra de Educación Superior, Ciencias y Tecnología de República Dominicana le negó una beca para estudiar en el País Vasco con este arcaico y racista argumento: “Yo no le doy becas a personas que tengan el pelo como tú, soy anticuada”. Y se quedó tan tranquila Amada Melo, la ministra, tras pronunciar tal sacrilegio.

   Casi todos contamos en nuestro entorno con compatriotas caribeños. Sobresalen su alegre y solidario carácter. Los datos más recientes destacan el todavía insuficiente pero sostenido crecimiento económico y alguna mejoría desde el punto de vista social en República Dominicana. Sin embargo, sigue siendo un lastre- que ya vemos con el caso de Nicky que llega hasta a las esferas oficiales- ese afán de “blanqueamiento”, de darle la espalda a la belleza- sobre todo femenina- asociada a la negritud, en una población con un alto porciento de negros y mestizos.

Nicky Gonzales

Nicky Gonzales

Se argumenta en algunos círculos que la inauténtica tendencia tiene que ver con dejar claro que no son haitianos. Por ese rumbo, el análisis se torna más complicado y también conduce a conclusiones lamentables. La historia de los dos países es diferente –desde el idioma hasta las oportunidades de desarrollo que han tenido- pero no olvidar que comparten el territorio de una isla y también (aunque con algo más de presencia la raza blanca en Dominicana) el mismo, hermoso, abanico racial de buena parte del Caribe.

En la vecina Cuba ese camino no ha sido un lecho de rosas. Debe reconocerse al gobierno de las últimas décadas proclamas generales y amplias en materia de igualdad racial, pero los prejuicios y hasta las sutiles orejas del clasismo- pasando por las opciones de real acceso a los mejores puestos- son persistentes. Ahora bien, la apreciación de la pertenencia racial y sus atractivos goza de un buen momento en La habana u en la Cuba profunda; tan blanca, tan mulata y también con mucho de –sin eufemismos- con tanta presencia de la raza negra.

   El Caribe debe tener su variedad de colores como una seña de identidad y huir del fantasma de un pasado esclavista que se supone remoto y del que parece no acabar de sacudirse. Los temas que deben ocupar a nuestros países deben apuntar a esencias como incentivar el talento, fomentar las oportunidades, internacionalizarse sin olvidar nuestra idiosincrasia.

   El caso de la profesional dominicana que ve afectada su carrera por lo hirsuto, natural, tal vez hasta rebelde de su cabellera parece un caso grave de ese blanqueamiento forzoso y va mucho más allá. Detrás de negar un peinado está el culto a lo exterior y otros fantasmas que el tan conectado mundo actual a ratos cuestiona y otros multiplica o afianza. Lo que al leer aquella página de peinados afro para mi propia cabeza, me pudo parecer anecdótico, hoy me indigna y anda cerca de entristecerme. Este es un solo un reflexión inicial que podemos seguir ampliando y enriqueciendo con la opinión de nuestros lectores en redaccionchevere@gmail.com

Tania Cordero

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