Friday, Dec 6, 2019
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Gente de Zona de visita en Suiza

De la cultura áspera y al margen de la promoción oficial; de un barrio obrero de La Habana a la consagración en los más importantes circuitos musicales del mundo, Gente de Zona se impone con la fuerza y la gracia de lo
auténtico.

El barrio de Alamar, en la palpitante Habana, se parece a la historia de Cuba en las últimas décadas. Fue construido con el modelo soviético en años de Socialismo real y optimismo, de metas supuestamente cumplidas.
Después –cuando el Este europeo se vino abajo- el reparto (numerado por zonas y con edificios casi idénticos, calles con números imposibles de localizar y más de espaldas que de frente al mar) va siendo víctima del abandono, la falta de opciones. Alamar se va convirtiendo en una gris ciudad dormitorio, animada únicamente por ciertas iniciativas culturales, algunas de ellas al margen de las instituciones oficiales. De ese ambiente de cambio súbito, pocas opciones; de la fuerte y contrariada voz de una generación crecida entre apagones y carencias surge y alcanza una popularidad inmediata el movimiento de varios artistas del reggaeton.

De los nombres que comienzan a sonar des-tacan El Micha y Gente de Zona. Sí, por lo de ese Alamar en que se formó su creador Alexander Delgado y muchos de sus primeros seguidores. Poco antes se impusieron sus “primos” del rap. Los Orishas, un grupo que alcanzó bastante popularidad en Europa, surgió de aquellos raperos habaneros de finales del siglo XX. Pero el reggaeton llegó para imponerse y dejó pequeño al rap nacional y –hasta para desconsuelo de muchos bailadores- a las charangas y orquestas de la formidable tradición cubana que pierden espacio ante la avalancha de ritmo simple pero poderoso; aparentemente repetitivo, pero con gradaciones muy ricas de complicidad entre los creadores y su público. Como diría el escritor cubano Abilio Estévez (en una acotación de su obra Perla Marina) “el cuerpo se alegra de ser cuerpo” en el reggaeton. Y se baila en todas partes: en las guaguas casi siempre repletas, en el precario espacio del coche antiguo que sirve de taxi colectivo. Los que entonan el reggaeton en la Cuba del cambio de siglo vienen de regreso de años de espesa retórica y tampoco parecen animados a complicarse con un discurso crítico elaborado. Se lucha el día a día. Algunos se suman a la lenta pero imparable transformación económica que abre ventanas –clausuradas por décadas- a lo privado y, entre una cosa y otra, se baila con todo el cuerpo, sin complejos. Las acusaciones a este género musical como algo grosero, primitivo, hasta embrutecedor le han llovido por todas partes.

Gente de Zona haciendo delirar al público

El próximo 24 de marzo estarán en The Show Festival, en el Stadthalle de Dietikon.

Aunque siempre se distinguió por una proyección algo más estilizada y menos local, hasta Gente de Zona y sus videos que ahora cuentan sus espectadores por millones han sufrido reparos desde la prensa oficial. Hace poco el reconocido crítico Joel del Río, en las páginas del diario Juventud Rebelde, habla de “… un paradigma reiterado, tal vez tedioso: sin excepción recrean exactamente la misma imagen de una Cuba ideal, de postalita, colmada de mulatas y mulatos bellísimos, constantes bailoteos en la calle, gozaderas sinfín, hedonismo interminable, sensualidad sin límites… todo ello descubierto, de momento, por el cantante líder, que protagoniza una representación en la cual nos toca el papel de bullangueras comparsas”.

Más allá de las razones que pueda tener el comentarista sí es bueno recordar que –en el caso de Gente de Zona– el encuentro con los circuitos más comerciales y los impresionantes récords de Bailando o La gozadera proceden de un estilo auténtico, surgido de lo más humilde y olvidado de un barrio proletario de La Habana.

 

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